Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... Yo no sé
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán tal vez los potros de bárbaros atilas; o los heraldos negros que nos manda la muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.
Pude haber sido un mártir. Fuí un verdugo. Purifiqué las almas con el fuego Para salvar la mía, busqué el ruego, El cilicio, las lágrimas y el yugo En los autos de fé ví lo que había sentenciado mi lengua. Las piadosas Hogueras y las carnes dolorosas El hedor, el clamor y la agonía He muerto. He olvidado a los que gimen, Pero sé que este vil remordimiento Es un crimen que sumo al otro crimen Y que a los dos ha de arrastrar el viento Del tiempo, que es mas largo que el pecado Y que la contricción. Los he gastado
Segundo don Juan Tenorio, alma fiera e insolente, irreligioso y valiente, altanero y reñidor: Siempre el insulto en los ojos, en los labios la ironía, nada teme y toda fía de su espada y su valor.
Corazón gastado, mofa de la mujer que corteja, y, hoy despreciándola, deja la que ayer se le rindió. Ni el porvenir temió nunca, ni recuerda en lo pasado la mujer que ha abandonado, ni el dinero que perdió.
Ni vio el fantasma entre sueños del que mató en desafío, ni turbó jamás su brío recelosa previsión. Siempre en lances y en amores, siempre en báquicas orgías, mezcla en palabras impías un chiste y una maldición.
En Salamanca famoso por su vida y buen talante, al atrevido estudiante le señalan entre mil; fuero le da su osadía, le disculpa su riqueza, su generosa nobleza, su hermosura varonil.
Que en su arrogancia y sus vicios, caballeresca apostura, agilidad y bravura ninguno alcanza a igualar: Que hasta en sus crímenes mismos, en su impiedad y altiveza, pone un sello de grandeza don Félix de Montemar.
Fragmento de El Estudiante de Salamanca. José de Espronceda.
Es verdad, pues: reprimamos esta fiera condición, esta furia, esta ambición, por si alguna vez soñamos. Y sí haremos, pues estamos en mundo tan singular, que el vivir sólo es soñar; y la experiencia me enseña, que el hombre que vive, sueña lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando; y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe y en cenizas le convierte la muerte (¡desdicha fuerte!): ¡que hay quien intente reinar viendo que ha de despertar en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí, destas prisiones cargado; y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
Fragmento de La Vida es Sueño. Calderón de la Barca
No digáis que agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira: podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso palpiten encendidas; mientras el sol las desgarradas nubes de fuego y oro vista; mientras el aire en su regazo lleve perfumes y armonías; mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!
Mientras la humana ciencia no descubra las fuentes de la vida, y en el mar o en el cielo haya un abismo que al cálculo resista; mientras la humanidad, siempre avanzando, no sepa a do camina; mientras haya un misterio para el hombre, ¡habrá poesía!
Mientras se sienta que se ríe el alma, sin que los labios rían; mientras se llore, sin que el llanto acuda a nublar la pupila; mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan; mientras haya esperanzas y recuerdos, ¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen los ojos que los miran; mientras responda el labio suspirando al labio que suspira; mientras sentirse puedan en un beso dos almas confundidas; mientras exista una mujer hermosa, ¡habrá poesía!
Fue domingo en las claras orejas de mi burro, de mi burro peruano del Perú (Perdonen la tristeza) mas hoy ya son las once en mi experiencia personal, experiencia de un solo ojo, clavado en pleno pecho, de una sola burrada, clavada en pleno pecho.
Tal de mi tierra veo los cerros retratados, ricos en burros, hijos de burros, padres hoy de vista, que tornan ya pintados de creencias, cerros horizontales de mis penas.
En su estatua, de espada, Voltaire cruza su capa y mira el zócalo, pero el sol me penetra y espanta de mis dientes incisivos un número crecido de cuerpos inorgánicos.
Y entonces sueño en una piedra verduzca, diecisiete, peñasco numeral que he olvidado, sonido de años en el rumor de aguja de mi brazo, lluvia y sol en Europa, y ¡cómo toso! ¡cómo vivo! ¡cómo me duele el pelo al columbrar los signos semanales! y cómo, por recodo, mi ciclo microbiano, quiero decir mi trémulo, patriótico peinado.
mMmMmm como me gusta beker lokito..ta fatal ese escritor -Yo soy un sueño, un imposible, vano fantasma de niebla y luz; soy incorpórea, soy intangible: no puedo amarte. -¡Oh ven; ven tú!
Mí presencia aquí no fue elección mía; A mi pesar el destino me acosa para que me vaya. Levántate, envuelve un trapo a tu cintura, mi SakÍ, Y embriágate para alejar la miseria de este mundo.
Si hubiera sido mi elección, ¿habría venido? ¿Y en que me habría convertido? ¿Qué mejor fortuna podría haber hallado Que no venir, devenir o incluso ser?
Décima Esa seda que rebaja tus procederes cristianos obra fue de los gusanos que labraron tu mortaja. También en la región baja la tuya han de devorar. ¿De qué te puedes jactar, ni en qué tus glorias consisten si unos gusanos te visten y otros te han de desnudar?
Dios mío, estoy llorando el sér que vivo; me pesa haber tomádote tu pan; pero este pobre barro pensativo no es costra fermentada en tu costado: ¡tú no tienes Marías que se van! Dios mío, si tú hubieras sido hombre, hoy supieras ser Dios; pero tú, que estuviste siempre bien, no sientes nada de tu creación. ¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él! Hoy que en mis ojos brujos hay candelas, como en un condenado, Dios mío, prenderás todas tus velas, y jugaremos con el viejo dado. Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte del universo todo, surgirán las ojeras de la Muerte, como dos ases fúnebres de lodo. Dios míos, y esta noche sorda, obscura, ya no podrás jugar, porque la Tierra es un dado roído y ya redondo a fuerza de rodar a la aventura, que no puede parar sino en un hueco, en el hueco de inmensa sepultura.
Mirad lo que escribió el Ministro Moratinos en sus tiempos mozos...
¿Qué podia, Rey, pensar Aquella compaña buena, Cuando te vido hablar Que te les querias dar En Hostia de vida llena? De tanta fe les dotaste, Que no siento quien no deba Creer que los levantaste Sobre el cielo que criaste, Con tal nueva. Con la Hostia se les dió La fe que les convenia, De lo cual se recresció Tal temor, que creo yo Que en sus caras parecia. No por eso que turbados Quedasen, ni Dios lo mande, Mas divinos y alterados De verse templos tornados Del Rey grande. E de ver que se les manda Lo que nunca visto fué, Cada uno vuela y anda, Contemplando la vianda Por lo alto de la fe. No se curan de razones Que el secreto hagan raso, Mas lavan sus corazones Con llantos y devociones En tal caso. Unos perdian sentidos, Otros mudaban colores, Otros dellos dan gemidos Con sospiros recrescidos De reverendos temores. Y todos la mesa riegan Con lloro de tristes hinos, Y al santo Maestro ruegan Que del Pan a que se llegan Sean dinos. Sus corazones estaban En dos extremos partidos: Es el uno, que pensaban En aquel Pan que adoraban, Robador de sus sentidos. Es el otro en lamentar Que Cristo se les partia, Para nunca mas tornar Al trato familïar Que solia. ¡Oh, que dos extremidades Para rematar cuidados! ¡Oh, qué dos propïedades Para destruir maldades, Para consumir pecados! Así que, contemplacion Tenian, y muy llorosa, En el pan de salvacion, Y tambien en su pasion Fructüosa.
Los gigantes se juntaron, Que no saben ser vencidos, Y tanto te importunaron, Dios mio, que nos causaron Estos dones desmedidos. Amor el uno se llama, El otro Poder se nombra; Estos dieron, segun fama, La Hostia que nos inflama Con su sombra. De notar es, sin excusa, Mi Dios, el poder terrible E la caridad difusa Que en esta Hostia se usa, Segun que te fué posible. Pues que quieres definir Que en el Pan que nos concedes Se vengan a consumir Tu dar e nuestro pedir De mercedes. Es amor de fragua ardiente Este pan que nos procura Es ciudad permaneciente, Cuyo uso no consiente Division en criatura. ¡Oh muy rëal propiedad, Oh suma de rëaleza, Que ata a la cristiandad En una conformidad De firmeza!
¡Tanto como critican algunos al Ministro Moratinos! Sin embargo... ¡sus excelentes capacidades poéticas han quedado en la sombra!
pues, hagamos algo para sus "capacidades poéticas" salgan a la luz... así quizás ganara algunas simpatías para equilibrar las críticas, esas que no sólo le vienen del bando contrario sino de sus propios compeñeros de carrera.
En recuerdo y homenaje a mi profesor, Maestro admirado Carlos Bousoño
VERDAD, MENTIRA
CON tu verdad, con tu mentira a solas con tu increíble realidad vivida, tu inventada razón, tu consumida fe inagotableen luz que tú enarbolas;
con la tristeza en que tal vez te enrolas hacia una rada nunca apetecida, con la enorme esperanza destruida, reconstruida, como el mar las olas;
con tu sueño de amar que nunca se hace tan verdadero como el mar suspira, con tu cargado corazón que nace,
muere y renace, asciende y muere, mira la realidad inmensa, porque ahí yace su verdad toda y toda su mentira.
Amir..bellio sadik..te kiero..grax esta muy bueo el poema..me gustan muchios los escritores palestinos,sobre todo los ke escriben a palestina y al amor..hay muchia valoracion de la mujer y su conjuncion con la naturaleza.. muax muaxxxxxxxx
SÓLO EL AMOR RESISTIRÁ ...sabes que sólo el amor es capaz de resistir mientras todo se derrumba...
Sólo el amor resistirá mientras caen como torres dinamitadas los días, los meses, los años.
Sólo el amor resistirá alimentando silencioso la lámpara encendida, el canto anudado a la garganta la poesía anudado a la garganta la poesía en la caricia del cuerpo abandonado.
Algún día, cualquier día, doblará otra vez el recodo del camino lo veré alto y distante, acerdándose, oiré su voz llamándome, sus ojos mirándome y sabrá que el amor ha resistido mientras todo se derrumbaba.
Tus manos presurosas se afanaron y luego, como un montón de sombra, cayó el traje a tus pies, y confiadamente, con divino sosiego, surgió ante mi, tu virgen y suave desnudez
Tu cuerpo fino, elástico, su esbelta gracia erguía. eras en la penumbra como una claridad. Era un cálido velo, que todo te envolvía, la inefable dulzura de tu serenidad.
Con el alma en los ojos te contemplé extasiado. Fui a pronunciar tu nombre y me quedé sin voz... Y por mi ser entero paso un temblor sagrado, como si en ti, desnuda, se me mostrara Dios.
PRENDIMIENTO DE ANTOÑITO EL CAMBORIO EN EL CAMINO DE SEVILLA A Margarita Xirgu
Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de Camborios, con una vara de mimbre va a Sevilla a ver los toros. Moreno de verde luna anda despacio y garboso. Sus empavonados bucles le brillan entre los ojos. A la mitad del camino cortó limones redondos, y los fue tirando al agua hasta que la puso de oro. Y a la mitad del camino, bajo las ramas de un olmo, guardia civil caminera lo llevó codo con codo.
* El día se va despacio, la tarde colgada a un hombro, dando una larga torera sobre el mar y los arroyos. Las aceitunas aguardan la noche de Capricornio, y una corta brisa, ecuestre, salta los montes de plomo. Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de Camborios, viene sin vara de mimbre entre los cinco tricornios.
* Antonio, ¿quién eres tú? Si te llamaras Camborio, hubieras hecho una fuente de sangre con cinco chorros. Ni tú eres hijo de nadie, ni legítimo Camborio. ¡Se acabaron los gitanos que iban por el monte solos! Están los viejos cuchillos tiritando bajo el polvo.
* A las nueve de la noche lo llevan al calabozo, mientras los guardias civiles beben limonada todos. Y a las nueve de la noche le cierran el calabozo, mientras el cielo reluce como la grupa de un potro.
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas la están mirando y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga
Los olivos I ¡Viejos olivos sedientos bajo el claro sol del día, olivares polvorientos del campo de Andalucía! ¡El campo andaluz, peinado por el sol canicular, de loma en loma rayado de olivar y de olivar! Son las tierras soleadas, anchas lomas, lueñes sierras de olivares recamadas. Mil senderos. Con sus machos, abrumados de capachos, van gañanes y arrieros. ¡De la venta del camino a la puerta, soplan vino trabucaires bandoleros! ¡Olivares y olivares de loma en loma prendidos cual bordados alamares! ¡Olivares coloridos de una tarde anaranjada; olivares rebruñidos bajo la luna argentada! ¡Olivares centellados en las tardes cenicientas, bajo los cielos preñados de tormentas!... Olivares, Dios os dé los eneros de aguaceros, los agostos de agua al pie, los vientos primaverales, vuestras flores racimadas; y las lluvias otoñales vuestras olivas moradas. Olivar, por cien caminos, tus olivitas irán caminando a cien molinos. Ya darán trabajo en las alquerías a gañanes y braceros, ¡oh buenas frentes sombrías bajo los anchos sombreros!... ¡Olivar y olivareros, bosque y raza, campo y plaza de los fieles al terruño y al arado y al molino, de los que muestran el puño al destino, los benditos labradores, los bandidos caballeros, los señores devotos y matuteros!... ¡Ciudades y caseríos en la margen de los ríos, en los pliegues de la sierra!... ¡Venga Dios a los hogares y a las almas de esta tierra de olivares y olivares! II (Continúa...)
Apuntes I Desde mi ventana, ¡campo de Baeza, a la luna clara ! ¡Montes de Cazorla, Aznaitín y Mágina! ¡De luna y de piedra también los cachorros de Sierra Morena! II Sobre el olivar, se vio la lechuza volar y volar. Campo, campo, campo. Entre los olivos, los cortijos blancos. Y la encina negra, a medio camino de Úbeda a Baeza.
III Por un ventanal, entró la lechuza en la catedral. San Cristobalón la quiso espantar, al ver que bebía del velón de aceite de Santa María. La Virgen habló: Déjala que beba, San Cristobalón.
IV Sobre el olivar, se vio la lechuza volar y volar. A Santa María un ramito verde volando traía. ¡Campo de Baeza, soñaré contigo cuando no te vea!
V Dondequiera vaya, José de Mairena lleva su guitarra. Su guitarra lleva, cuando va a caballo, a la bandolera. Y lleva el caballo con la rienda corta, la cerviz en alto.
VI ¡Pardos borriquillos de ramón cargados, entre los olivos!
VII ¡Tus sendas de cabras y tus madroñeras, Córdoba serrana!
VIII ¡La del romancero, Córdoba la llana!... Guadalquivir hace vega, el campo relincha y brama.
IX Los olivos grises, los caminos blancos. El sol ha sorbido la calor del campo; y hasta tu recuerdo me lo va secando este alma de polvo de los días malos.
Cuando se encuentren (por casualidad), los traduzcan, de momento se puede disludizar cómo pudo haber sido la poesía tartessa a través de los poetas andaluces de todos los tiempos, porque dicen que el que tuvo retuvo.
Pd. Dicen que en Tartessos la legislación estaba escrita en verso.
Silencio de cal y mirto. Malvas en las hierbas finas. La monja borda alhelies sobre una tela pajiza. Vuelan en la araña gris, siete pájaros del prisma.
La iglesia gruñe a lo lejos como un oso panza arriba. ¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia! Sobre la tela pajiza, ella quisiera bordar flores de su fantasía. ¡Qué girasol! ¡Qué magnolia de lentejuelas y cintas! ¡Qué azafranes y qué lunas, en el mantel de la misa! Cinco toronjas se endulzan en la cercana cocina. Las cinco llagas de Cristo cortadas en Almería. Por los ojos de la monja galopan dos caballistas. Un rumor último y sordo le despega la camisa, y al mirar nubes y montes en las yertas lejanías, se quiebra su corazón de azúcar y yerbaluisa. ¡Oh!, qué llanura empinada con veinte soles arriba ¡Qué ríos puestos de pie vislumbra su fantasía! Pero sigue con sus flores, mientras que de pie, en la brisa, la luz juega el ajedrez alto de la celosía.
En el silencio sigue la lira pitagorica vibrando, el iris en la luz, la luz que llena mi estereoscopio vano. Han cerrado mis ojos las cenizas de fuego heraclitano. El mundo es un momento transparente, vacio, ciego, alado.
Todos los seres tratan de reco- rrer el camino del Conoci- miento. Unos lo buscan; otros afirman que lo han encontrado. Sin embargo, aún no se ha levantado la voz que un día clamará: "¡No hay camino; no hay sendero!"