¿Que sea verte una noche cuando a las doce, desnuda, para pisar esos aires te vales de las unturas, y penetrando en las bodegas, brincando de cuba en cuba, tanto chupas sus licores como a los muchachos chupas, hasta que en solio azufrado al torpe cabron adulas besandole en aquellas partes tan cursadas como sucias!
Alonso de Castillo Solorzano, A una vieja habladora, Donaires de Parnaso.
¡Bajar a los infiernos como el Dante! ¡Llevar por compañero a un poeta con nombre de lucero! ¡Y este fulgor violeta en el diamante! Dejad toda esperanza... Usted primero ¡Oh nunca, nunca, nunca! Usted delante.
Antonio Machado, Cancionero Apocrifo de Abel Maartin.
Aunque estas fiestas sorianas tengan fuego del Iran se han hecho fiestas cristianas pues las bautizo San Juan y a misa los parsis van cuando tocan las campanas
En la desobediencia al hombre entregaremos a cornadas nuestra cerviz sujeta no a yugos y si a espadas. ¡Oh padre Gerion, que no vasallos seamos de los hombres y caballos!
Ese gigante que mugiendo avanza -faros por ojos, ruedas por pezuñas- que hiriendo a nuestra madre con sus uñas trigo le hace parir con su pujanza es un inerte monstruo que es movido con carbon de tus selvas extraido.
"Homenaje" especial a D. J.L. Rodríguez Zapatero y su "Corte Celestial" (concepto creado por Monsieur Meslier):
"Con varios ademanes horrorosos los montes de parir dieron señales; consintieron los hombres temerosos ver nacer los abortos más fatales. Después que con bramidos espantosos infundieron pavor a los mortales estos montes que al mundo estremecieron un ratoncillo fue lo que parieron.
Hay autores que en voces misteriosas, estilo fanfarrón y campanudo, nos anuncian ideas portentosas, pero suele a menudo, ser el gran parto de su pensamiento, después de tanto ruido, sólo viento."
Todo en ella encantaba, todo en ella atraía: Su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar... El ingenio de Francia de su boca fluía. Era llena de gracia, como el Avemaría; ¡quién la vió no la pudo ya jamás olvidar!
Ingenua como el agua, diáfana como el día, rubia y nevada como Margarita sin par, al influjo de su alma celeste, amanecía... Era llena de gracia, como el Avemaría; ¡quién la vió no la pudo ya jamás olvidar!
Cierta dulce y amable dignidad la investía de no sé qué prestigio lejano y singular. Más que muchas princesas, princesa parecía: era llena de gracia como el Avemaría; ¡quién la vió no la pudo ya jamás olvidar!
Yo gocé el privilegio de encontrarla en mi vía dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar, y cadencias arcanas halló mi poesía. Era llena de gracia como el Avemaría; ¡quién la vió no la pudo ya jamás olvidar! (sigue)
¡Cuánto, cuánto la quise! Por diez años fue mía pero flores tan bellas nunca pueden durar... Era llena de gracia como el Avemaría, y a la fuente de gracia, de donde procedía, se volvió... como gota que se vuelve a la mar.
El mesonero se acerca para escanciar más vino, pero no lo ven. Tiemblan. Ella levanta el tenedor, abre los labios y desde el otro lado de la mesa él adivina el sabor de su saliva y la tibieza de su aliento, siente la lengua de ella moviéndose en su propia boca como un molusco sofocante y terrible. Se le escapa un gemido que, de inmediato, disimula tosiendo con discreción y llevándose la servilleta a la cara.
Ella tiene la vista fija en la última ostra del plato de su compañero, una vulva hinchada, palpitante, indecente, mojada de leche oceánica, síntesis de su propio desvarío. Nada revela la turbación de ambos. En silencio cumplen con decoro, paso a paso, los ritos precisos de la etiqueta; pero no oyen las notas del pianista animando la noche desde un rincón del salón palaciego, los aturde el estrepitoso huracán del deseo en sus pechos.
Fuerzas primitivas se han desencadenado: tambores y jadeos de guerra, un soplo de selva, de humus, de nardos podridos insinuándose a través del aroma delicado de la comida y el perfume femenino; imágenes de carne desnuda, de abrazos crueles, de lanzas inflamadas y flores carnívoras. Sin tocarse, el hombre y la mujer perciben el olor y el calor del otro, las formas secretas de sus cuerpos en el acto de la entrega y del placer, las texturas de la piel y el cabello aún desconocidas; imaginan caricias nuevas, jamás antes experimentadas por nadie, caricias íntimas y atrevidas que inventarán sólo para ellos
Así es Khaiman es poesía sincrética japonesa peruana, en este caso de un japonés peruano que conoce bien el Haiku y revela estados de iluminación.
Hablar del Haikú es ir mucho más allá de su medida sencilla de tres versos con 17 sílabas y su canto a la naturaleza. El Haikú forma parte de la concepción oriental de la totalidad del mundo, cuyo origen se basa en el Tao, Budismo y el Zen. Los poetas japoneses sienten una fascinación y reverencia por la naturaleza, por el misterio de la vida y se integran con ella para expresarlo a través de la contemplación y el silencio meditativo. “Sentado en silencio sin hacer nada, llega la primavera y la hierba crece por si sola”
El Haikú de Basho es contemplación sin interferencia. Inacción pura. Lo que Lao Tse ha llamado wu wei: acción a través de la inacción. Es un estado en el cual no quieres dirigir, ni interferir. Sólo permites que las cosas pasen. No estás manipulando, ni ejecutando ninguna ideología. Eso es el Haikú.
Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de mis ojos. Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del Chanchamayo y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas, confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre, pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza cáscara.
Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido a un macho vacío. La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así: el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando hembra y la hembra ya estaba aparecida a su lado, acaso demasiado presta Y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis. En el beso ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido, que va licuándole los órganos y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo, y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula a la muerte. Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan. Ésta tampoco supone qué última palabra queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta del macho. Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra de agradecimiento.
El milagro llega sin hacer ruido a la mente que se detiene por un instante y permanece inmóvil...
Sal de casa y vete al sol. Danza por un prado o siéntate junto a un arroyo para tan sólo existir. El rumor del agua recogerá tus inquietudes y las llevará al mar.
EL Haiku es Zen puro como sospechaba, que bueno XD
Por eso eran grandes los samurais y no por su condicion de guerreros.
Oriente no olvida tan facilmente como nosotros aunque se vuelva capitalista, no esta lejos el dia que su forma de entender el mundo inunde la cosa terraquea.
Apartémonos del bullicio. Alejémonos hacia los campos en silencio, sobre los que se extiende el cielo gris y en donde, entre nosotros y las estrellas, no hay mentiras sino silencio, y allí, en la quietud, escuchemos la voz que habla dentro de nosotros.
TÁCTICA Y ESTRATEGIA . Mi táctica es mirarte aprender como sos quererte como sos . mi táctica es hablarte y escucharte construir con palabras un puente indestructible . mi táctica es quedarme en tu recuerdo no sé cómo ni sé con qué pretexto pero quedarme en vos . mi táctica es ser franco y saber que sos franca y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos . no haya telón ni abismos . mi estrategia es en cambio más profunda y más simple mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites
SALUDO A BATISTA Palabras de Pablo Neruda en la Universidad de Chile
Cuando la tierra como una inmensa rueda gira y resbala en el espacio nocturno y la noche ha guardado los últimos rumores, el fuego de las batallas y el silencio de los hombres, una pequeña isla queda brillando como una luciérnaga en la selva, una isla que al girar la tierra deja un cometa fosforescente de luz y sonido, una cola perfumada de tabaco y corales, una atmósfera única en nuestra América en que se juntan la alegría y la sombra como dos alas para que baile y vuele la isla con cuerpo de paloma.
Pero no sólo rumor y color hacen a Cuba: la hacen también sendero y sacrificio, áspera lucha y sangre. La hacen los hombres que como el que hoy saludamos amarran en el alma toda la nacionalidad, nacen con el alma envuelta en su bandera y ay de aquel que intente arrancarles su trozo oscuro de la piel del alma: la patria entera se desgarra y quebranta. Ante Fulgencio Batista, capitán de su pueblo, estamos en presencia de Cuba: nadie como él la representa tan poderosamente en este instante, y antaño unos pocos, a quienes él continúa, dejaron dispersos los huesos en cárceles de piedra para que Cuba viviera.
Así pues, este Capitán de las Islas, salido como la fibra o la greda de las raíces populares, pueblo él mismo, pueblo en su gracia, en su intuición y en su fuerza, puede mostrar con orgullo ese rostro moreno que se mantuvo firme para restaurar la patria del más delicado de los héroes de América: José Martí. ¿Y cómo pudo continuar Batista la obra de aquel intelectual soñador y preciso, que toca los extremos límites de la sensibilidad y de la acción? Lo hace porque otra hora ha llegado al mundo, la hora del pueblo, la hora de los hombres del pueblo, la hora en que Batista se confunde con los héroes populares de nuestra época, Yeremenko, Shukov, Cherniakovsky y Malinovsky, que hoy golpea y deshace las puertas de Alemania, los guerrilleros de España y de China, Tito y la Pasionaria. A Batista, en esta hora que también por desgracia, se ha caracterizado por incubar traidores y cobardes, lo ponemos en el marco de los americanos totales, al lado de Cárdenas y cerca de nuestro nunca olvidado, heroico y calumniado, sagrado e inmortal Luis Carlos Prestes.
Batista, como hombre del pueblo, ha comprendido mejor que muchos demagogos el papel de los intelectuales, y honra a toda América cuando lleva a su Gabinete a Juan Marinello, el gran escritor multiforme, que escribiendo con la altura clásica de los españoles antiguos revela el alma batalladora de Cuba en cada una de sus líneas. También cerca de él estuvo siempre el gran poeta negro Nicolás Guillén, a quien ojalá nos lo hubiera traído de regalo a Chile, porque ese poeta de cascabel y de fina sonrisa nos traería en su canto la enseñanza más pura: la de la alegría en el combate del mundo.
Los chilenos damos hoy la mano a Fulgencio Batista, con una franqueza y una sinceridad que llamaríamos chilena si no fueran también condiciones permanentes de Cuba. Saludamos en él al continuador y restaurador de una democracia hermana, al hombre que recibió la patria anarquizada y despedazada recién salida de las garras de un tirano sangriento, y palpitante aún de la heroica, legendaria lucha que lo derrotara. Saludamos al que pudiendo haber seguido el camino de muchos filibusteros del poder, lo entregó con sus anchas manos morenas a quien eligiera su pueblo. Saludamos al que ha restituido a Cuba honor y nombre, al proteger las organizaciones y partidos del pueblo, al llamar a los mejores intelectuales a colaborar en los destinos comunes, al reanudar las relaciones con la Unión Soviética entre los primeros países de América, al declarar la guerra a los bandidos de Alemania e Italia, al fustigar y despreciar a Franco y sus enviados públicamente una y mil veces, al iniciar con México, el camino que aislaría más tarde a los siniestros y desleales gobernantes de Argentina.
Y lo saludamos por haber aumentado, con un Gobierno de Unión Nacional, con Saladrigas y con Marinello, con Mañach y con Sosa de Quesada, la riqueza de su país dando mayores esperanzas y realizaciones terminantes al bienestar de los trabajadores de Cuba.
Por eso cuando la isla encantada en que resuenan aún los tambores mágicos del África oscura, aparece en el giro de la tierra alumbrando como una luciérnaga, con su música y sus poetas, sus libertadores y sus montañas de azúcar, aparecen también los rostros de sus patriotas populares, que confundidos como Batista con esta época de grandes dolores y de grandes sueños humanos, no han desmerecido la luz de la Isla sino que han ayudado a que su fulgor nos ilumine en el camino de la libertad y de la grandeza de América.
Tácito refiere en su limpia prosa un episodio de Termancia que anticipa Fuenteovejuna. El pretor Pisón, quiso, en efecto, cobrar tributos de manera violenta a los arevacos, por lo que fue muerto por los nativos. Detenido un joven de la ciudad y torturado para que revelase los nombres, se nego, manifestando que el crimen era colectivo. Lo interesante del caso es la frase que atribuye Tácito al testimonio prisionero: "Aqui existe todavia -dijo- la España Antigua..."
Jose Maria de Areilza, ABC nov 1972 y Tacito, Anales, Lib IV, V, 45
Para Lord, Alonso de Ercilla (s. XVI) habla de los aracaunos o mapuches)
No las damas, amor; no gentilezas de caballeros canto enamorados, ni las muestras, regalos y ternezas de amorosos, afectos y cuidados; mas el valor, los hechos, las proezas de aquellos españoles esforzados que la cerviz de Arauco no domada pusieron duro yugo por la espada.
Cosas diré también harto notables de gente que a ningún rey obedecen, temerarias empresas memorables que celebrase con razón merecen: raras industrias, términos loables que más los españoles engrandecen; pues no es el vencedor más estimado de aquello que el vencido es reputado
Mirar el río hecho de tiempo y agua y recordar que el tiempo es otro río, saber que nos perdemos como el río y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño que sueña no soñar y que la muerte que teme nuestra carne es esa muerte de cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo de los días del hombre y de sus años, convertir el ultraje de los años en una música, un rumor y un símbolo,
ver en la muerte el sueño, en el ocaso un triste oro, tal es la poesía que es inmortal y pobre. La poesía vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara nos mira desde el fondo de un espejo; el arte debe ser como ese espejo que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios, lloró de amor al divisar su Itaca verde y humilde. El arte es esa Itaca de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable que pasa y queda y es cristal de un mismo Heráclito inconstante, que es el mismo y es otro, como el río interminable
Quédate, Iseo, y nuestra agricultura de copia tal a estrellas deba amigas progenie tan robusta, que su mano toros dome, y de un rubio mar de espigas inunde liberal la tierra dura; y al verde, joven, floreciente llano blancas ovejas suyas hagan, cano, en breves horas caducar la hierba. Oro le expriman líquido a Minerva y, los olmos casando con las vides, mientras coronan pámpanos a Alcides, clava empuñe Lieo. Quédate, Iseo, Quédate; Quédate Iseo. CommentAuthorMeslier CommentTimehace 5 horas Quédate, Iseo, y tantas le dé a Pales cuantas a Palas dulces prendas esta apenas hija hoy, madre mañana. De errantes lilios unas la floresta cubran, corderos mil que los cristales vistan del río en breve, undosa lana; de Aracnes otras, la arrogancia vana modestas acusando en blancas telas, no los hurtos de amor, no las cautelas de Júpiter compulsen: que aun en lino, ni a la pluvia luciente de oro fino, ni al blanco cisne creo. Quédate, Iseo, quédate; quédate Iseo CommentAuthorMeslier CommentTimehace 5 horas Quédate, Iseo, y las volantes pías que azules ojos con pestañas de oro sus plumas son, conduzcan alta diosa, gloria mayor del soberano coro. Fíe tus nudos ella, que los días disuelvan tarde en senectud dichosa; y la que Juno es hoy a nuestra esposa, casta Lucina, en lunas desiguales tantas veces repita sus umbrales, que Níobe inmortal la admire el mundo, no en blanco mármol, por su mal fecundo, escollo hoy del Leteo. Quédate, Iseo, quédate; quédate, Iseo. CommentAuthorMeslier CommentTimehace 5 horas Quédate, Iseo, y plumas no vulgares al aire los hijuelos den alados de las que el bosque bellas ninfas cela; de sus carcajes, éstos, argentados, flechen mosquetas, nieven azahares; vigilantes aquéllos, la aldehuela rediman del que más, o tardo vuela, o infausto gime, pájaro nocturno; mudos coronen otros por su turno el dulce lecho conyugal, en cuanto lasciva abeja al virginal acanto néctar le chupa hibleo. Quédate, Iseo, quédate; quédate, Iseo CommentAuthorMeslier CommentTimehace 5 horas Quédate, Iseo, donde, entre arreboles de honesto rosicler, previene al día (aurora de sus ojos soberanos) virgen tan bella, que hacer podría tórrida la Noruega con dos soles, y blanca la Etïopia con dos manos. Claveles del abril, rubies tempranos, cuantos engasta el oro del cabello, cuantas, del uno ya y del otro cuello cadenas, la Concordia engaza rosas, de sus mejillas siempre vergonzosas purpúreo son trofeo. Quédate, Iseo, quédate; quédate, Iseo. CommentAuthorMeslier CommentTimehace 5 horas Quédate, Iseo, ven donde te espera, con ojos y sin alas, un Cupido cuyo cabello intonso dulcemente niega el vello que el vulto ha colorido: el vello, flores de su primavera, y rayos el cabello de su frente. Niño amó la que dora adolescente, villana Psiques, ninfa labradora de la tostada Ceres. Ésta ahora, en los inciertos de su edad segunda crepúsculos, vincule tu coyunda a su ardiente deseo. Quédate, Iseo, quédate; quédate, Iseo.
Quédate, Iseo, y nuestra agricultura de copia tal a estrellas deba amigas progenie tan robusta, que su mano toros dome, y de un rubio mar de espigas inunde liberal la tierra dura; y al verde, joven, floreciente llano blancas ovejas suyas hagan, cano, en breves horas caducar la hierba. Oro le expriman líquido a Minerva y, los olmos casando con las vides, mientras coronan pámpanos a Alcides, clava empuñe Lieo. Quédate, Iseo, Quédate; Quédate Iseo.
Quédate, Iseo, y tantas le dé a Pales cuantas a Palas dulces prendas esta apenas hija hoy, madre mañana. De errantes lilios unas la floresta cubran, corderos mil que los cristales vistan del río en breve, undosa lana; de Aracnes otras, la arrogancia vana modestas acusando en blancas telas, no los hurtos de amor, no las cautelas de Júpiter compulsen: que aun en lino, ni a la pluvia luciente de oro fino, ni al blanco cisne creo. Quédate, Iseo, quédate; quédate Iseo
Quédate, Iseo, y las volantes pías que azules ojos con pestañas de oro sus plumas son, conduzcan alta diosa, gloria mayor del soberano coro. Fíe tus nudos ella, que los días disuelvan tarde en senectud dichosa; y la que Juno es hoy a nuestra esposa, casta Lucina, en lunas desiguales tantas veces repita sus umbrales, que Níobe inmortal la admire el mundo, no en blanco mármol, por su mal fecundo, escollo hoy del Leteo. Quédate, Iseo, quédate; quédate, Iseo.
Quédate, Iseo, y plumas no vulgares al aire los hijuelos den alados de las que el bosque bellas ninfas cela; de sus carcajes, éstos, argentados, flechen mosquetas, nieven azahares; vigilantes aquéllos, la aldehuela rediman del que más, o tardo vuela, o infausto gime, pájaro nocturno; mudos coronen otros por su turno el dulce lecho conyugal, en cuanto lasciva abeja al virginal acanto néctar le chupa hibleo. Quédate, Iseo, quédate; quédate, Iseo
Quédate, Iseo, donde, entre arreboles de honesto rosicler, previene al día (aurora de sus ojos soberanos) virgen tan bella, que hacer podría tórrida la Noruega con dos soles, y blanca la Etïopia con dos manos. Claveles del abril, rubies tempranos, cuantos engasta el oro del cabello, cuantas, del uno ya y del otro cuello cadenas, la Concordia engaza rosas, de sus mejillas siempre vergonzosas purpúreo son trofeo. Quédate, Iseo, quédate; quédate, Iseo.
Quédate, Iseo, ven donde te espera, con ojos y sin alas, un Cupido cuyo cabello intonso dulcemente niega el vello que el vulto ha colorido: el vello, flores de su primavera, y rayos el cabello de su frente. Niño amó la que dora adolescente, villana Psiques, ninfa labradora de la tostada Ceres. Ésta ahora, en los inciertos de su edad segunda crepúsculos, vincule tu coyunda a su ardiente deseo. Quédate, Iseo, quédate; quédate, Iseo.
Mi madre me decía: si matas a pedradas los pajaritos blancos, Dios te va a castigar; si pegas a tu amigo, el de carita de asno, Dios te va a castigar.
Era el signo de Dios de dos palitos, y sus diez teologales mandamientos cabían en mi mano como diez dedos más.
Hoy me dicen: si no amas la guerra, si no matas diariamente una paloma, Dios te castigará; si no pegas al negro, si no odias al rojo, Dios te castigará; si al pobre das ideas en vez de darle un beso, si le hablas de justicia en vez de caridad, Dios te castigará. Dios te castigará.
Dios cuide a nuestras mozas, bellas y preciosas flores, ninguna tan hermosa como la de nuestra sangre, benditos, sus hijos arredren al enemigo.
A vuestro honor se brinda, jovenes, nuestra esperanza, ningun veneno extinga vuestro alto amor por la patria nosotros vosotros despues, la defenderemos.
Vivan todos los pueblos que ver el dia anhelan, brille de brillare el sol, que ponga fin a las guerras, sean libres los hombres, con el projimo apacibles.
Como final, amigos, levantemos nuestras copas por los aqui reunidos, nobles y honestas personas; que Dios supremo de larga vida a los buenos.