Veamos: opera de la siguiente manera: arriba no hay crisis, abajo tampoco. El mecanismo de negación de la crisis no es muy distinto arriba, que abajo.
Arriba no hay crisis, pues siempre tienen qué robar del presupuesto: la SGAE siempre se llevará sus pellizcos, los de la ceja lo mismo, los cotarros nacionalistas siempre tendrán dinero para malgastarlo en el fomento del catalán, los sindicatos siempre tendrán financiación pública, siempre habrá dinero para 17 estaditos de mercenarios por más que lo nieguen los periódicos extranjeros. Porque claro, los periódicos extranjeros: ¿qué saben de la honra sin barcos? Siempre habrá dinero para costearse 20 televisiones públicas, etc.
Esta es la crisis que no hay.
Y luego abajo, pues tampoco hay crisis: el españolito pobre tiene siempre donde apoyarse, luego mientras tenga donde apoyarse, no creerá realmente que hay crisis. Sí, bueno, algunas dificultades, que vienen siempre de fuera, porque el mal es siempre de fuera, porque la culpa del mal es de los malditos americanos que no nos entienden, etc. Pues bien, la mecánica es esta: hay dificultades, la empresa cierra, no pueden pagarse su casa, pero... ¡tienen los comedores de Cáritas, que creen que son obra de Zapatero! Piensan que con cualquier otro sería peor y fruto de que entre subsidios y cosas, el poder no les deja caer del todo, pues en la medida en que no han caído del todo, piensan que no hay crisis, que Zapatero les mantiene su cotarro y su negocio y desde los comedores de Cáritas votan a Zapatero. ¡Naturalmente! ¿Se mantienen vivos los españoles, no? Pues automáticamente piensan: "socialismo, luego existo." Que es casi tanto como el "socialismo o muerte" de Castro.