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Publicado por: Antonio Machado, Nuevas canciones.En el silencio sigue
la lira pitagórica vibrando,
el iris en la luz, la luz que llena
mi estereoscopio vano.
Han cerrado mis ojos las cenizas
del fuego heraclitano.
El mundo es un momento
transparente, vacío, ciego, alado.
Publicado por: Antonio Machado, Parábolas.
Sobre la limpia arena, en el tartesio llano
por donde acaba España y sigue el mar,
hay dos hombres que apoyan la cabeza en la mano:
uno duerme, y el otro parece meditar.
El uno, en la mañana de tibia primavera,
junto a la mar tranquila,
ha puesto entre sus ojos y el mar que reverbera,
los párpados, que borran el mar en la pupila.
Y se ha dormido, y sueña con el pastor Proteo,
que sabe los rebaños del marino guardar
y sueña que le llaman las hijas de Nereo,
y ha oído a los caballos de Poseidòn hablar.
El otro mira al agua. Su pensamiento flota;
hijo del mar, navega-o se pone a volar—.
Su pensamiento tiene un vuelo de gaviota,
que ha visto un pez de plata en el agua saltar.
Y piensa: «Es esta vida una ilusión marina
de un pescador que un día ya no puede pescar.»
El soñador ha visto que el mar se le ilumina,
y sueña que es la muerte una ilusión del mar.
Publicado por: Miguel de Cervantes, Canción del enamorado portugués (Los trabajos de Persiles y Sigismunda)Mar sesgo, viento largo, estrella clara,
camino, aunque no usado, alegre y cierto,
al hermoso, al seguro, al capaz puerto
llevan la nave vuestra, única y rara.
En Scilas ni en Caribdis no repara,
ni en peligro que el mar tenga encubierto,
siguiendo su derrota al descubierto,
que limpia honestidad su curso para.
Con todo, si os faltare la esperanza
de llegar a este puerto, no por eso
giréis las velas, que será simpleza.
Que es enemigo amor de la mudanza
y nunca tuvo próspero suceso
el que no se quilata en la Firmeza.
Publicado por: Ramón Mª del Valle Inclan, Claves LíricasConverse con las rocas y como un amuleto
recogí de las rocas el sideral secreto.
Los números dorados de sus selladas
cláusulas me fueron revelados.
Publicado por: aquel¿O esperar que se muera o matarlo? ¿No es posible cambiar de opinón? ¿No pasa eso?
Publicado por: aquel"pero estamos hablando de fidelidad..y si yo elijo y me ekivoko..bueh me la tendre ke bankar...seguire como fue lo de mi tia kizas.Pero ser leal y fiel..tenlo por seguro ke esa es mi escencia."
Jejeje. Y yo que pensaba que la esencia era algo que emergía, que se manifestaba, no que estaba determinado de antemano.
Me parece que te vas a llevar unas buenas sorpresas en la vida, en especial en esto de las parejas.
Publicado por: Cervantes, La gitanilla
Maz dejemoz dizparatez,
que zólo el vulgo creyó
que le he de decir verdad.
todaz eztaz rayaz zon
zeñalez de que la mano
muchaz vecez ze zerró.
Publicado por: Antonio Machado, Cancionero apócrifo de Abel Martín
¡Bajar a estos infiernos como el Dante!
¡Llevar por compañero
a un poeta con nombre de lucero!
¡Y ese fulgor violeta en el diamante!
Dejad toda esperanza... Usted primero.
¡Oh nunca, nunca, nunca! Usted delante
Publicado por: Federico Garcia Lorca, Romance de la luna, lunaLa luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
Publicado por: Federico García Lorca, Prendimiento de Antoñito El Camborio en el camino de SevillaAntonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros.
Moreno de verde luna
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles
le brillan entre los ojos.
A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.
Y a la mitad del camino,
bajo las ramas de un olmo,
guardia civil caminera
lo llevó codo con codo.
El día se va despacio,
la tarde colgada a un hombro,
dando una larga torera
sobre el mar y los arroyos.
Las aceitunas aguardan
la noche de Capricornio,
y una corta brisa, ecuestre,
salta los montes de plomo.
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
viene sin vara de mimbre
entre los cinco tricornios.
Antonio, ¿quién eres tú?
Si te llamaras Camborio,
hubieras hecho una fuente
de sangre con cinco chorros.
Ni tú eres hijo de nadie,
ni legítimo Camborio.
¡Se acabaron los gitanos
que iban por el monte solos!
Están los viejos cuchillos
tiritando bajo el polvo.
A las nueve de la noche
lo llevan al calabozo,
mientras los guardias civiles
beben limonada todos.
Y a las nueve de la noche
le cierran el calabozo,
mientras el cielo reluce
como la grupa de un potro.
Publicado por: Federico García Lorca, Muerte de Antoñito El CamborioVoces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio,
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.
Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.